Demás esta decir que el incremento de conflictos que crean los padres está directamente relacionado con los que generan sus hijos y que, por lo tanto, la conflictividad que en las aulas crean los alumnos tiene una estrecha relación con la educación en el seno de la familia, donde radica una buena parte de la responsabilidad del comportamiento de los más pequeños.
Sobre lo anterior, la escuela es receptora de la incapacidad para educar correctamente de los padres, que en algunos casos no es solo un problema de incapacidad sino de ‘deseducación’. Una cosa es ser impotente para que el hijo se comporte como debe en la escuela y otra muy diferente es inculcarle o alentar todo lo contrario.
A nadie se le escapa que, para que la educación en la escuela dé óptimos resultados, la clase para funcionar necesita dos cosas: orden y silencio, porque si no no hay clase; y un principio de autoridad que lo haga efectivo.
Ese principio de autoridad lo ha de ejercer el maestro y, si no cuenta con el reconocimiento y pleno apoyo de los padres, jamás los alumnos lo podrán tomar en serio. Eso era algo que no hace tantos años ambos, padres y alumnos, tenían muy claro.
el principio de autoridad docente se diluye también porque los estudiantes no entienden que la educación les genera oportunidades en la vida y que el rol del profesor no es un enemigo, sino un ayudador..

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